El desarrollo de la visión es progresivo, de forma que el sistema visual va evolucionando hasta los 7-8 años de edad. Por eso el diagnóstico precoz en niños es fundamente para que los defectos oculares puedan ser corregidos a tiempo y no queden secuelas para el resto de la vida.

Se puede detectar que un niño no ve bien cuando:

– Cuando lee, se acerca o aleja mucho del papel.
– Aparta la vista del papel con frecuencia.
– Cierra los párpados para mirar.
– Rascarse los ojos continuamente.
– Entorna la cabeza a ambos lados al leer.
– Tiene lagrimeo o los ojos enrojecidos.
– Padece frecuentemente dolores de cabeza.
– El sol le causa molestias o le cuesta adaptarse a la oscuridad.